Perder un hijo: ese asunto «privado»

Por Livia Mirón

«Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego».

Esto no es el resumen de tus últimos treinta minutos en Instagram: es el inicio de una de mis películas favoritas de la historia: Trainspotting (1996).

A las mujeres de mi generación nos habría hecho falta una versión ampliada. Estudia, consigue independencia económica, construye una carrera, conoce mundo, encuentra una relación saludable. Después, cuando hayas resuelto todo eso, decide si quieres ser madre. Preferiblemente sin que se resienta nada de lo anterior.

A mí no me resultó tan fácil. En 2022 perdí tres hijos. Tres duelos, tres abortos distintos. Una historia dura, pero también la de tantas otras mujeres, que reflejé en mi libro Perfecta.

Lo escribí porque me parecía importante contar los detalles escabrosos que rodean la pérdida gestacional antes de domesticarlos en mi mente, antes de empezar a minimizarlos, «naturalizarlos» y convertirlos en una estadística más. Después ocurrió algo más interesante: empecé a buscar historias parecidas a la mía y descubrí un silencio enorme. Había literatura médica, foros, estadísticas y relatos de superación, pero me costaba encontrar una voz que contara la experiencia completa sin higienizarla. Así fue como empecé a sumergirme en el duelo (no necesariamente perinatal) de otras mujeres, en las páginas de autoras que me abrieron las puertas de sus mundos interiores, como Joan Didion, Paula Bonet o Isabel Allende.

Encontré consuelo en esta pequeña comunidad literaria y pensé que quizá mi experiencia podría servir de apoyo a alguien más en algún momento. Más allá del «mal de muchos, consuelo de tontos», quería ofrecer un reflejo, quizá crudo, del dolor que toda una sociedad intenta privatizar. El problema es que privatizar el dolor no lo hace más pequeño; solo lo hace más solitario.

Visibilizar el duelo por la pérdida de nuestros hijos debería interesarnos a todos. No es sentimentalismo: es una crítica al sistema. En España se registraron 106 172 interrupciones voluntarias del embarazo solo en 2024, según el Ministerio de Sanidad. Cuando lo silenciamos, dejamos a quienes lo sufren a solas con un dolor irreparable y profundamente singular, cuyos tentáculos lo tocan todo: las relaciones de pareja, las finanzas familiares, la salud. No deberíamos permitirnos una sociedad en la que la muerte de un hijo se ignore, se silencie o apenas se investigue. No se trata de darnos una palmadita en la espalda; se trata de entender la experiencia para dignificarla.

Es cierto, Perfecta es una historia más entre tantas, pero ya ha conseguido el acto (quizás algo revolucionario) de salir de sus confines teóricos con el sueño de alcanzar no solo a las mujeres que sufren, sino a sus maridos, a sus otros hijos, a sus jefes, a sus amigas. Comprender los entuertos del dolor de los demás invita al autodiagnóstico, al mirarse dentro, a proyectar (al fin y al cabo esto nos puede pasar a todos) y, eventualmente, a la reestructuración social y al resarcimiento.

A veces basta con poner la lupa sobre lo importante para cambiar el foco de quien mira.

Livia Mirón, periodista y autora de Perfecta. Infertilidad, pérdida y superación del ideal femenino.

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